Los últimos viernes de mes realizamos nuestro retiro espiritual, si quieres participar o necesitas oración sólo basta que te comuques conmigo y con gusto lo haré.
miércoles, 6 de octubre de 2010
UNA EXPERIENCIA MARAVILLOSA DE FE
Los últimos viernes de mes realizamos nuestro retiro espiritual, si quieres participar o necesitas oración sólo basta que te comuques conmigo y con gusto lo haré.
jueves, 22 de julio de 2010
PALABRA DE VIDA
“Si tú conviertes tu corazón a Dios y tiendes tus manos hacia Él, si alejas la iniquidad que hay en tu mano y no dejas que more en tu casa la injusticia, entonces alzarás tu frente limpia, te sentirás firme y sin temor. Dejarás tu dolor en el olvido y como agua pasada por tus dedos lo recordarás. Y más radiante que el mediodía surgirá tu vida, como la mañana será la oscuridad. Vivirás seguro porque habrá esperanza, aun después de confundido te acostarás tranquilo. Cuando descanses, nadie te perturbará, y apreciarán mucho tu vida. Pero los ojos de los malvados pierden su brillo, todo refugio les fracasa; su esperanza es el último suspiro". Job 11,13-20
1. De muchas maneras el Señor nos invita a llevar una vida según su Plan de Salvación; en su Palabra encontramos insistentemente la invitación a la conversión y al cambio de vida, éstas implican un cambio de mentalidad y una actitud que se sustenta en los principios y valores que se desprenden del Evangelio.
2. De nuestra experiencia de fe se vale Dios para invitar a otros a vivir en su amor misericordioso; quienes nos ven “como a los hermanos mayores” sólo esperan que seamos ecuánimes, que nuestro ser, pensar y actuar se ajuste a todo lo que leemos en la Palabra de Dios y consideramos como norma de vida.
3. No esperemos que los otros cambien, iniciemos esa tarea tan ardua pero tan bien recompensada con las actitudes y comportamientos que consideramos más sencillas y humildes. Los grandes conversos de la historia iniciaron su proceso de cambio con una sonrisa, una oración, mayor sensibilidad por lo humano hasta llegar a dejarlo todo por amor a Dios y por el servicio desinteresado a los demás.
4. El HOY es nuestra mejor oportunidad para cambiar nuestra vida presente y determinar la futura, hagamos nuestro mejor esfuerzo para que nuestro corazón no esté mustio, nuestros ojos no dejen de brillar y permanezca en nuestra vida la “alegre esperanza de la resurrección gloriosa en Cristo, el Señor.
miércoles, 21 de julio de 2010
UN HONOR QUE SE TRADUCE EN ALEGRÍA
Un momento con mi Padre Dios.
Dios Padre, te agradezco por tus innumerables gracias y bendiciones, por el amor que me tienes y me manifiestas en cada acontecimiento de mi vida. Que cada latido de mi corazón sea un himno nuevo de agradecimiento a Ti, oh Dios Justo y Fiel. Que cada gota de mi sangre circule para Ti, Señor; que mi vida sea un canto de adoración a tu Misericordia.
Señor, aquí me tienes delante de Ti, para ponerme en tus manos, para decirte que te amo y que sin ti mi vida es muy difícil. Quiero agradecerte por este nuevo día, por todas las experiencias y personas que has puesto en mi camino. Gracias por el sufrimiento porque él me ha ayudado a purificar mi corazón y buscarte como mi único consuelo y fortaleza.
Quiero pedirte, Señor, que me perdones por todas mis faltas conscientes y mi pecado de omisión; por tantas veces que he sido injusto contigo y con mis hermanos, por burlarme de tu Palabra, por desconocer tus mandamientos, por desperdiciar este tiempo de gracia y conversión, por desoír a quienes me hablan de ti y me quieren llevar a disfrutar de tu Amor Misericordioso. Perdóname sobre todo si le he hecho daño a alguien y he desconocido tu presencia en el hermano, en el que está a mi lado, en el que veo sufrir y no hago nada por él.
Bendice, Padre, a quien he hecho sufrir con mis actitudes y ayúdame a ser mejor todos los días, sé que con tu ayuda puedo mejorar lo bueno que guardo en mi corazón. Dame un corazón nuevo, Señor, para poderte amar como tú lo quieres.
Señor, dame el pan de hoy, el de mañana y el de siempre, sobre todo dame la alegría y salud necesarias para poder vivir; dame la esperanza y fortaleza para no llenarme de temor en los momentos de dificultad, dame la fe necesaria para saber que nunca me abandonarás, dame la sabiduría necesaria para escoger siempre el camino del bien y dale a mi corazón toda la paz, serenidad y valor para afrontar los momentos difíciles de la vida. Que pueda dar testimonio de ti en un mundo con tanta desesperanza.
Yo te amor, Señor, y quisiera demostrarlo con mi propia vida. Me pongo en tus manos por mediación de mi madre la Virgen María; asiste también a los míos y a aquellos que se han confiado a mis humildes oraciones. Líbrame del maligno. Amén.
Señor, aquí me tienes delante de Ti, para ponerme en tus manos, para decirte que te amo y que sin ti mi vida es muy difícil. Quiero agradecerte por este nuevo día, por todas las experiencias y personas que has puesto en mi camino. Gracias por el sufrimiento porque él me ha ayudado a purificar mi corazón y buscarte como mi único consuelo y fortaleza.
Quiero pedirte, Señor, que me perdones por todas mis faltas conscientes y mi pecado de omisión; por tantas veces que he sido injusto contigo y con mis hermanos, por burlarme de tu Palabra, por desconocer tus mandamientos, por desperdiciar este tiempo de gracia y conversión, por desoír a quienes me hablan de ti y me quieren llevar a disfrutar de tu Amor Misericordioso. Perdóname sobre todo si le he hecho daño a alguien y he desconocido tu presencia en el hermano, en el que está a mi lado, en el que veo sufrir y no hago nada por él.
Bendice, Padre, a quien he hecho sufrir con mis actitudes y ayúdame a ser mejor todos los días, sé que con tu ayuda puedo mejorar lo bueno que guardo en mi corazón. Dame un corazón nuevo, Señor, para poderte amar como tú lo quieres.
Señor, dame el pan de hoy, el de mañana y el de siempre, sobre todo dame la alegría y salud necesarias para poder vivir; dame la esperanza y fortaleza para no llenarme de temor en los momentos de dificultad, dame la fe necesaria para saber que nunca me abandonarás, dame la sabiduría necesaria para escoger siempre el camino del bien y dale a mi corazón toda la paz, serenidad y valor para afrontar los momentos difíciles de la vida. Que pueda dar testimonio de ti en un mundo con tanta desesperanza.
Yo te amor, Señor, y quisiera demostrarlo con mi propia vida. Me pongo en tus manos por mediación de mi madre la Virgen María; asiste también a los míos y a aquellos que se han confiado a mis humildes oraciones. Líbrame del maligno. Amén.
viernes, 16 de julio de 2010
Apreciados Amigos y Amigas en el Señor Jesús a quien sea el Honor y la Gloria por siempre.
En el capítulo 10 del Evangelio de San Mateo (recomiendo leerlo para comprender mejor este mensaje), leemos los nombres del los Discípulos (los Doce que el Señor elegió), su envío por parte del Señor a proclamar – anunciar Su Reino; además los alerta de las múltiples persecuciones que padecerán por vivir el Evangelio y, la invitación a confiar en Él, insistencia que resalta el evangelista con la frase “No teman”.
Al finalizar el capítulo, el Señor promete una RECOMPENSA a quienes reciben, valoran y hacen suyas las necesidades de sus Discípulos. Más que en la recompensa, es importante destacar el papel del Enviado, del Discípulo, del Sacerdote que actúa “en Nombre de Cristo”. Actuar en Nombre del Señor es hacer las veces del Señor: Quien a Ustedes los recibe, a mí me recibe.
Cuando un cristiano recibe a un Ministro del Señor, a un Ungido, a un Consagrado (todo esto es un Sacerdote), a alguien que en medio de sus limitaciones (como lo hizo Pedro que lo negó, Judas que lo traicionó) vive para el Señor y su Iglesia, recibe a Cristo mismo. Dice el Señor:
El que los recibe a Ustedes (a sus Discípulos – a sus Sacerdotes),
me recibe a mí,
el que me recibe a mí, recibe al que me envió (a Dios Padre)
…
Quien de un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños (el Discípulo – el Consagrado es el más pequeño porque es el servidor de los demás) sólo porque es Discípulo mío, les aseguro que no se quedará sin recompensa (la Promesa).
Guarda en tu corazón y para la eternidad todo aquello que puedas hacer por un Sacerdote del Señor. Frente a su pecado: Corrígelo, amonéstalo, hazle justicia y ora por él. Frente a su necesidad: Socórrelo con generosidad. Frente a su buen ejemplo: Glorifica al Señor.
A pesar de su pecado, a veces tan profundo y escandaloso (del que deberá dar cuenta al Señor “Justo Juez”), el Sacerdote es aquel a quien Dios ha querido tomar de entre los hombres para ponerlo al Servicio Suyo a favor de los hombres, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados propios a la vez que por los del pueblo.
Si deseas confirmar esta reflexión (que bueno sería conocer tu aporte) acércate a la Palabra y lee el capítulo 10 de San Mateo y los primeros versículos del capítulo 5 de la Carta a los Hebreos. Allí encontrarás esta PROMESA. Las promesas de Dios se cumplen.
Adopta un Sacerdote para que ores por él y le ayudes en su necesidad. Esto lo harás a Cristo mismo. Amén.
En el capítulo 10 del Evangelio de San Mateo (recomiendo leerlo para comprender mejor este mensaje), leemos los nombres del los Discípulos (los Doce que el Señor elegió), su envío por parte del Señor a proclamar – anunciar Su Reino; además los alerta de las múltiples persecuciones que padecerán por vivir el Evangelio y, la invitación a confiar en Él, insistencia que resalta el evangelista con la frase “No teman”.
Al finalizar el capítulo, el Señor promete una RECOMPENSA a quienes reciben, valoran y hacen suyas las necesidades de sus Discípulos. Más que en la recompensa, es importante destacar el papel del Enviado, del Discípulo, del Sacerdote que actúa “en Nombre de Cristo”. Actuar en Nombre del Señor es hacer las veces del Señor: Quien a Ustedes los recibe, a mí me recibe.
Cuando un cristiano recibe a un Ministro del Señor, a un Ungido, a un Consagrado (todo esto es un Sacerdote), a alguien que en medio de sus limitaciones (como lo hizo Pedro que lo negó, Judas que lo traicionó) vive para el Señor y su Iglesia, recibe a Cristo mismo. Dice el Señor:
El que los recibe a Ustedes (a sus Discípulos – a sus Sacerdotes),
me recibe a mí,
el que me recibe a mí, recibe al que me envió (a Dios Padre)
…
Quien de un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños (el Discípulo – el Consagrado es el más pequeño porque es el servidor de los demás) sólo porque es Discípulo mío, les aseguro que no se quedará sin recompensa (la Promesa).
Guarda en tu corazón y para la eternidad todo aquello que puedas hacer por un Sacerdote del Señor. Frente a su pecado: Corrígelo, amonéstalo, hazle justicia y ora por él. Frente a su necesidad: Socórrelo con generosidad. Frente a su buen ejemplo: Glorifica al Señor.
A pesar de su pecado, a veces tan profundo y escandaloso (del que deberá dar cuenta al Señor “Justo Juez”), el Sacerdote es aquel a quien Dios ha querido tomar de entre los hombres para ponerlo al Servicio Suyo a favor de los hombres, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados propios a la vez que por los del pueblo.
Si deseas confirmar esta reflexión (que bueno sería conocer tu aporte) acércate a la Palabra y lee el capítulo 10 de San Mateo y los primeros versículos del capítulo 5 de la Carta a los Hebreos. Allí encontrarás esta PROMESA. Las promesas de Dios se cumplen.
Adopta un Sacerdote para que ores por él y le ayudes en su necesidad. Esto lo harás a Cristo mismo. Amén.
lunes, 10 de mayo de 2010
REFLEXION PARA EL DIA DEL MAESTRO
Diócesis de La Dorada Guaduas
Mayo 15 Día del Maestro.
El Maestro,
sujeto determinante en la formación
de los estudiantes.
1. Introducción.
La Celebración anual del DÍA DEL MAESTRO, es una oportunidad invaluable para reconocer, mediante una reflexión sería y crítica, el “papel del maestro como sujeto determinante en la formación de los estudiantes”.
La escuela, (aquí se entiende toda experiencia educativa), requiere de un maestro que realice la síntesis fe-cultura-vida-conciencia ecológica en su propia persona, siendo fundamental el testimonio de vida que se expresará a través de una calidad humana, profesional, académica y de una visión cristiana del mundo, de la vida y de la persona. Estos factores determinarán la capacidad positiva de incidencia en la formación de las conciencias de quienes se educan.
Pensar en el tipo de maestro que requieren las instituciones educativas hoy, implica de parte nuestra la proposición de un perfil del maestro acorde a la época, a las necesidades de los estudiantes, a los requerimientos técnicos y científicos y, de manera especial, a la crisis de valores que enfrenta el hombre contemporáneo, de tal manera que uno de los aspectos fundamentales abordados desde la gestión educativa y la vivencia de la enseñanza, sea la presencia real de los valores en el ideario educativo y en las diferentes actividades escolares, incluso en aquellas que se consideran mínimas o sencillas y servirán de reflejo de quienes tienen la responsabilidad de enseñar: Los Maestros.
Desde la Vicaría de Pastoral de la Diócesis de La Dorada Guaduas, en la Celebración del Día del Maestro 2010, proponemos a los educadores de nuestra región un “perfil del maestro” que contribuirá notablemente a su crecimiento humano y al fortalecimiento de los valores humanos y cristianos y a las convicciones de los estudiantes.
Además presentamos la Persona de Jesús como prototipo de Maestro y Autoridad, según lo refieren los Evangelios cuando dicen de Él: “Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus doctores” (Mateo 7,28).
2. Perfiles.
2.1. Académico.
Refiere a los conocimientos que el maestro debe reunir acerca del área de su competencia, demostrable en los amplios conocimientos acerca de la materia que enseña en el orden cultural, social, político, religioso y ecológico. El conocimiento del maestro deseoso de formar personas capaces de construir la paz, deberá tener como eje transversal una fuerte y significativa experiencia espiritual y un alto sentido de lo humano y lo ético.
2.2. Pedagógico-didáctico.
Este factor se identifica mediante los siguientes indicadores: Que explique con claridad y si alguien necesita más ayuda que busque la forma de explicarle más sencillamente; que dé lugar a que le pregunten en clase; que explique y amplíe con ejemplos lo enseñado; que sepa observar; que no intimide a los estudiantes, sino que los incite a preguntar sus dudas, a comunicar sus experiencias, a buscar ayuda ante las situaciones problemáticas; que sea creativo al momento de dar un tema y/o un trabajo; que le agrade el aprender cosas nuevas; que las clases sean dinámicas; que sepa cómo enseñar su materia proponiendo actividades distintas e interesantes, haciendo uso de la lúdica y la creatividad; que sea justo al calificar y fundamente por qué calificó con determinada nota; que relacione su materia con temas de otras asignaturas; que aplique los recursos tecnológicos; que asesore cómo estudiar mejor; que de prioridad a la observación, capacidad que le debe permitir ver a cada estudiante como persona singular, con valores que le son propios, sin rotularlo ni etiquetarlo, percibiendo la realidad que ve el estudiante y siendo consciente de sus auténticos sentimientos y actitudes. El maestro que sabe observar tiene una primera y principal fuente de aprendizaje en sus mismos estudiantes quienes a través de su conducta ofrecen muchas enseñanzas.
2.3. Cualidades personales.
El maestro está llamado a ser comprensivo y confiable, pero sin dejar su rol de guía; amante del diálogo con los estudiantes; que no demuestre favoritismo por nadie; que sea muy paciente y tolerante, abierto a las opiniones y posturas de los demás; que no realice comparaciones con otros estudiantes; que sea una persona a la que el estudiante quisiera parecerse “cuando sea grande”; que sea auténtico; que ayude a los estudiantes a reconocer sus propias capacidades y dificultades y los oriente en su futuro; que escuche a los estudiantes y procure dar una palabra que los oriente en la resolución de los problemas; que al equivocarse, sepa disculparse; que no rotule o etiquete al estudiante; que sea comprensivo; que sea puntual llegando e iniciando las clases; que no falte nunca o falte muy poco a la Institución; que respete y haga respetar entre los estudiantes su trabajo y el de toda la comunidad educativa; que sus clases estén bien preparadas.
2.4. Autoridad.
Un maestro capaz de conducir al grupo de estudiantes mediante el reconocimiento de su autoridad, que sea respetado; que no abuse de la autoridad; que vivencie la autoridad como servicio para el desarrollo de las potencialidades del otro.
2.5. Compromiso socio-comunitario.
Un maestro que participe de actividades de servicio a los necesitados; que tenga buena relación con sus compañeros y autoridades; que se comunique con los padres para informarle sobre la marcha del aprendizaje, dificultades y aciertos, como también los hechos sobresalientes de sus hijos; que sienta la necesidad de formar parte de equipos de trabajo interdisciplinarios con fines sociales; un sentido crítico de la política, libre de cualquier ideología.
2.6. Religiosidad.
Un maestro que se preocupe por la formación religiosa y su experiencia de Dios y la de los estudiantes; que en el vínculo con los estudiantes se advierta su relación con Dios; que conozca y de testimonio de su fe dando a conocer a Cristo a través de su palabra y ejemplo de vida; que esté presente junto con los estudiantes en la celebración de los Sacramentos, especialmente en la celebración eucarística, momentos de oración en el colegio, convivencias, etc.; que ayude a los estudiantes a iluminar la realidad humana y a relacionar (integrar) su materia con el evangelio; que ayude a discernir evangélicamente.
3. Jesús educa con autoridad porque es auténtico y es la verdad.
Después de haber desarrollado “un perfil” para el maestro, es interesante identificar en la persona de Jesús la ejecución de todos estos valores que hicieron de Él el Maestro por antonomasia y nos permite contemplar con certeza la posibilidad de actuar según el modelo Cristo.
Nuestro modo de imitar al Modelo no es algo exterior, sino que se trata de conformarse a Él, como “meterse en su piel”, “sumergirse en Él”, pues “conformar” es “hacerse a la forma”, participar de su vida, de sus sentimientos. Es decir, estar motivado, en la medida posible a una criatura, a revivir la vida de Jesús y prolongarla en la propia, porque la gracia que Él nos ganó es participación de la que inhabita en su alma: “Tened en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús” (Filipenses 2, 5).
La sana pedagogía de Jesús encontró en los siguientes aspectos una muestra clara y real de su dimensión veraz y pedagógica
3.1. Enseñaba con autoridad.
Ellos, dice la Palabra, “estaban poseídos de admiración por Su enseñanza, porque Su palabra estaba llena de autoridad” (Marcos 1,21-28); Jesús suele decir “yo os digo”, habla en nombre propio como nadie había hecho, e imparte una enseñanza divina: “Habéis oído que se ha dicho: No cometerás adulterio. Mas Yo os digo: Quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.” (Mateo 5,27-30). Jesús, Su propia palabra es Verdad liberadora del hombre, porque siendo hombre perfecto, manifiesta al hombre su verdadero ser, que es de Dios y para Dios: “YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA; nadie va al Padre sino por Mí” (Juan 14,6).
3.2. Su enseñanza es original...
Y, a la vez, una recreación y perfeccionamiento de lo ya existente: “No vayáis a pensar que Yo he venido a abolir la Ley y los Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento...” (Mateo 5,17-19). Jesús es un maestro que enseña con autoridad una doctrina original; que aduce la revelación del Padre como fuente de Su autoridad; que se ofrece como guía, invitando a que Lo sigan todos, porque es maestro universal, criterio y norma de conducta.
3.3. La figura amable de Jesús nos enseña a vivir de una manera auténtica.
En su vida encontramos la verdad (“yo soy... la verdad”), encontramos un sentido a todo. Jesús es alguien que habla con autoridad, que sabe el por qué de las cosas y para quien tiene un por qué le es muy fácil el cómo. Romano Guardini acaba su obra sobre la realidad humana del Señor con un capítulo sobre “El Maestro, el Poderoso, el Existente”; dice de Jesús: “Es un Maestro santo: vive auténticamente. Tiene la plenitud del conocimiento de Dios: es el que sabe, el sabio: sabe más que nadie, pero sobre todo sabe esencialmente, tanto de los hombres como del mundo. Él ve. Distingue realidad y apariencia, sentido y engaño. Conoce lo bueno y lo malo. Sabe el camino: “quedó admirada la gente de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus doctores” (Mateo 7, 28-29)”.
3.4. De Él aprendemos a ser auténticos, la honorabilidad intelectual, la honradez y la coherencia de vida.
Significa ser yo mismo. Muchos no son maestros sino mercenarios: enseñan lo que está de moda, dicen lo que queda bien, hoy hay mucho miedo a aparecer como católicos. Hay como un afán de éxito y gloria, decir lo que conviene. Jesús en cambio dice la verdad, sin avasallar; está lleno de respeto ante la libertad del hombre, nunca le hace violencia; no engaña con sugestiones como la publicidad, ni con un entusiasmo superficial, ni por terror (aunque los hombres muchas veces basemos la educación en el miedo), ni por sorpresa, como decía Guardini: “siempre apela a la responsabilidad del que escucha y le lleva al punto donde ha de decir ‘sí’ o ‘no’”. Frente a los que quieren éxito, Jesús nos muestra la búsqueda de la verdad”, enseña lo auténtico, lo que se vive.
Para un maestro cristiano, todo queda referido al modelo Cristo, y ofrecido al Padre Dios, entonces, no hay polilla o polvo, no hay preocupaciones por la precariedad, siguiendo el ejemplo y los consejos de Jesús: “no os preocupéis por vuestra vida...” Entonces la autenticidad adquiere una coherencia que es testimonio fiel, martirio, pues muchos sufren por la verdad.
Si me miro en Cristo, mis perspectivas se amplían sin cesar, van mucho más lejos: ya no tendré objetivos a los que someterme; las metas no me dominarán pues no dependo de que se cumplan: puedo ya celebrar el acontecimiento de que “el Reino de Dios ha llegado” (Marcos 1,5) y se está abriendo camino continuamente, aunque no lo vea. El vivir no se desliga del contemplar, ni del dar la vida, la verdad me lleva a ser verdadero y en la medida que soy verdadero, “soy maestro”.
4. Conclusión.
Sería maravilloso que Cristo Modelo del Maestro nos enseñara a participar de su autoridad y de su autenticidad, pues el que de verdad es maestro lo es en el testimonio que sirve de modelo.
El ejemplo de Jesús nos da la clave para profundizar luego en tantos valores. Concretamente, a enfocar el tema de la autoridad, que todo maestro desea entender y distinguir del poder... el poder que se impone por la fuerza reprime al que está debajo, la autoridad en cambio tiene fuerza en sí misma y provoca seguimiento; es algo que se puede perder o ganar, y se convierte muchas veces en una gran preocupación: ¿Cómo "ganar la autoridad con mis estudiantes"?
Jesús es poderoso: en los milagros, las cosas -para mostrar el reino de Dios- se sujetan a su voluntad. La autoridad se refleja en el pasaje citado del Sermón de la montaña que nos ha acompañado en esta meditación para el DÍA DEL MAESTRO : “Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus doctores” (Mateo 7, 28). Sus palabras a veces eran duras, atrevidas, llenas del impulso de la excitación, además esas palabras tocan el corazón allí donde no alcanza ninguna palabra humana. Apartan el engaño y ponen al hombre delante del Dios santo. Llaman a la conversión de todo, incluso del que es bueno y piadoso ante el mundo, hacia Dios, y dan la posibilidad de realizarla. Sus palabras no sólo son significados, sino fuerzas; fuerzas procedentes de Dios, fuerzas del Espíritu Santo.
También hay poder en sus actitudes, en su acción, en su figura. Nos dicen cómo en Pascua echó del Templo a todos los compradores y vendedores”, con pocas palabras y unos cordeles trenzados le obedece una multitud: resplandece algo en Él. Es un poder que “rige a través de todo. Forma una personalidad tremenda, una honda concentración del alma, de una voluntad perfectamente libre, que está entera en la sagrada misión, una presencia gigantesca… Pero por detrás surge más, desde Dios, tan inmediatamente, que, por ejemplo, después de la pesca milagrosa, estando sentado en la barca, Pedro cae espantado a sus pies y grita: -“Aléjate de mí, que soy un hombre pecador, Señor!” (Lucas 5, 8-9).
La celebración del DÍA DEL MAESTRO en nuestra Diócesis de La Dorada Guaduas, será siempre motivo de alegría y experiencia meditativa de una misión tan grande y noble encomendada a mujeres y hombres que han dicho sí al Señor y hoy en diferentes escuelas, colegios e instituciones construyen la Diócesis de la Paz.
Mayo 15 Día del Maestro.
El Maestro,
sujeto determinante en la formación
de los estudiantes.
1. Introducción.
La Celebración anual del DÍA DEL MAESTRO, es una oportunidad invaluable para reconocer, mediante una reflexión sería y crítica, el “papel del maestro como sujeto determinante en la formación de los estudiantes”.
La escuela, (aquí se entiende toda experiencia educativa), requiere de un maestro que realice la síntesis fe-cultura-vida-conciencia ecológica en su propia persona, siendo fundamental el testimonio de vida que se expresará a través de una calidad humana, profesional, académica y de una visión cristiana del mundo, de la vida y de la persona. Estos factores determinarán la capacidad positiva de incidencia en la formación de las conciencias de quienes se educan.
Pensar en el tipo de maestro que requieren las instituciones educativas hoy, implica de parte nuestra la proposición de un perfil del maestro acorde a la época, a las necesidades de los estudiantes, a los requerimientos técnicos y científicos y, de manera especial, a la crisis de valores que enfrenta el hombre contemporáneo, de tal manera que uno de los aspectos fundamentales abordados desde la gestión educativa y la vivencia de la enseñanza, sea la presencia real de los valores en el ideario educativo y en las diferentes actividades escolares, incluso en aquellas que se consideran mínimas o sencillas y servirán de reflejo de quienes tienen la responsabilidad de enseñar: Los Maestros.
Desde la Vicaría de Pastoral de la Diócesis de La Dorada Guaduas, en la Celebración del Día del Maestro 2010, proponemos a los educadores de nuestra región un “perfil del maestro” que contribuirá notablemente a su crecimiento humano y al fortalecimiento de los valores humanos y cristianos y a las convicciones de los estudiantes.
Además presentamos la Persona de Jesús como prototipo de Maestro y Autoridad, según lo refieren los Evangelios cuando dicen de Él: “Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus doctores” (Mateo 7,28).
2. Perfiles.
2.1. Académico.
Refiere a los conocimientos que el maestro debe reunir acerca del área de su competencia, demostrable en los amplios conocimientos acerca de la materia que enseña en el orden cultural, social, político, religioso y ecológico. El conocimiento del maestro deseoso de formar personas capaces de construir la paz, deberá tener como eje transversal una fuerte y significativa experiencia espiritual y un alto sentido de lo humano y lo ético.
2.2. Pedagógico-didáctico.
Este factor se identifica mediante los siguientes indicadores: Que explique con claridad y si alguien necesita más ayuda que busque la forma de explicarle más sencillamente; que dé lugar a que le pregunten en clase; que explique y amplíe con ejemplos lo enseñado; que sepa observar; que no intimide a los estudiantes, sino que los incite a preguntar sus dudas, a comunicar sus experiencias, a buscar ayuda ante las situaciones problemáticas; que sea creativo al momento de dar un tema y/o un trabajo; que le agrade el aprender cosas nuevas; que las clases sean dinámicas; que sepa cómo enseñar su materia proponiendo actividades distintas e interesantes, haciendo uso de la lúdica y la creatividad; que sea justo al calificar y fundamente por qué calificó con determinada nota; que relacione su materia con temas de otras asignaturas; que aplique los recursos tecnológicos; que asesore cómo estudiar mejor; que de prioridad a la observación, capacidad que le debe permitir ver a cada estudiante como persona singular, con valores que le son propios, sin rotularlo ni etiquetarlo, percibiendo la realidad que ve el estudiante y siendo consciente de sus auténticos sentimientos y actitudes. El maestro que sabe observar tiene una primera y principal fuente de aprendizaje en sus mismos estudiantes quienes a través de su conducta ofrecen muchas enseñanzas.
2.3. Cualidades personales.
El maestro está llamado a ser comprensivo y confiable, pero sin dejar su rol de guía; amante del diálogo con los estudiantes; que no demuestre favoritismo por nadie; que sea muy paciente y tolerante, abierto a las opiniones y posturas de los demás; que no realice comparaciones con otros estudiantes; que sea una persona a la que el estudiante quisiera parecerse “cuando sea grande”; que sea auténtico; que ayude a los estudiantes a reconocer sus propias capacidades y dificultades y los oriente en su futuro; que escuche a los estudiantes y procure dar una palabra que los oriente en la resolución de los problemas; que al equivocarse, sepa disculparse; que no rotule o etiquete al estudiante; que sea comprensivo; que sea puntual llegando e iniciando las clases; que no falte nunca o falte muy poco a la Institución; que respete y haga respetar entre los estudiantes su trabajo y el de toda la comunidad educativa; que sus clases estén bien preparadas.
2.4. Autoridad.
Un maestro capaz de conducir al grupo de estudiantes mediante el reconocimiento de su autoridad, que sea respetado; que no abuse de la autoridad; que vivencie la autoridad como servicio para el desarrollo de las potencialidades del otro.
2.5. Compromiso socio-comunitario.
Un maestro que participe de actividades de servicio a los necesitados; que tenga buena relación con sus compañeros y autoridades; que se comunique con los padres para informarle sobre la marcha del aprendizaje, dificultades y aciertos, como también los hechos sobresalientes de sus hijos; que sienta la necesidad de formar parte de equipos de trabajo interdisciplinarios con fines sociales; un sentido crítico de la política, libre de cualquier ideología.
2.6. Religiosidad.
Un maestro que se preocupe por la formación religiosa y su experiencia de Dios y la de los estudiantes; que en el vínculo con los estudiantes se advierta su relación con Dios; que conozca y de testimonio de su fe dando a conocer a Cristo a través de su palabra y ejemplo de vida; que esté presente junto con los estudiantes en la celebración de los Sacramentos, especialmente en la celebración eucarística, momentos de oración en el colegio, convivencias, etc.; que ayude a los estudiantes a iluminar la realidad humana y a relacionar (integrar) su materia con el evangelio; que ayude a discernir evangélicamente.
3. Jesús educa con autoridad porque es auténtico y es la verdad.
Después de haber desarrollado “un perfil” para el maestro, es interesante identificar en la persona de Jesús la ejecución de todos estos valores que hicieron de Él el Maestro por antonomasia y nos permite contemplar con certeza la posibilidad de actuar según el modelo Cristo.
Nuestro modo de imitar al Modelo no es algo exterior, sino que se trata de conformarse a Él, como “meterse en su piel”, “sumergirse en Él”, pues “conformar” es “hacerse a la forma”, participar de su vida, de sus sentimientos. Es decir, estar motivado, en la medida posible a una criatura, a revivir la vida de Jesús y prolongarla en la propia, porque la gracia que Él nos ganó es participación de la que inhabita en su alma: “Tened en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús” (Filipenses 2, 5).
La sana pedagogía de Jesús encontró en los siguientes aspectos una muestra clara y real de su dimensión veraz y pedagógica
3.1. Enseñaba con autoridad.
Ellos, dice la Palabra, “estaban poseídos de admiración por Su enseñanza, porque Su palabra estaba llena de autoridad” (Marcos 1,21-28); Jesús suele decir “yo os digo”, habla en nombre propio como nadie había hecho, e imparte una enseñanza divina: “Habéis oído que se ha dicho: No cometerás adulterio. Mas Yo os digo: Quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.” (Mateo 5,27-30). Jesús, Su propia palabra es Verdad liberadora del hombre, porque siendo hombre perfecto, manifiesta al hombre su verdadero ser, que es de Dios y para Dios: “YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA; nadie va al Padre sino por Mí” (Juan 14,6).
3.2. Su enseñanza es original...
Y, a la vez, una recreación y perfeccionamiento de lo ya existente: “No vayáis a pensar que Yo he venido a abolir la Ley y los Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento...” (Mateo 5,17-19). Jesús es un maestro que enseña con autoridad una doctrina original; que aduce la revelación del Padre como fuente de Su autoridad; que se ofrece como guía, invitando a que Lo sigan todos, porque es maestro universal, criterio y norma de conducta.
3.3. La figura amable de Jesús nos enseña a vivir de una manera auténtica.
En su vida encontramos la verdad (“yo soy... la verdad”), encontramos un sentido a todo. Jesús es alguien que habla con autoridad, que sabe el por qué de las cosas y para quien tiene un por qué le es muy fácil el cómo. Romano Guardini acaba su obra sobre la realidad humana del Señor con un capítulo sobre “El Maestro, el Poderoso, el Existente”; dice de Jesús: “Es un Maestro santo: vive auténticamente. Tiene la plenitud del conocimiento de Dios: es el que sabe, el sabio: sabe más que nadie, pero sobre todo sabe esencialmente, tanto de los hombres como del mundo. Él ve. Distingue realidad y apariencia, sentido y engaño. Conoce lo bueno y lo malo. Sabe el camino: “quedó admirada la gente de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus doctores” (Mateo 7, 28-29)”.
3.4. De Él aprendemos a ser auténticos, la honorabilidad intelectual, la honradez y la coherencia de vida.
Significa ser yo mismo. Muchos no son maestros sino mercenarios: enseñan lo que está de moda, dicen lo que queda bien, hoy hay mucho miedo a aparecer como católicos. Hay como un afán de éxito y gloria, decir lo que conviene. Jesús en cambio dice la verdad, sin avasallar; está lleno de respeto ante la libertad del hombre, nunca le hace violencia; no engaña con sugestiones como la publicidad, ni con un entusiasmo superficial, ni por terror (aunque los hombres muchas veces basemos la educación en el miedo), ni por sorpresa, como decía Guardini: “siempre apela a la responsabilidad del que escucha y le lleva al punto donde ha de decir ‘sí’ o ‘no’”. Frente a los que quieren éxito, Jesús nos muestra la búsqueda de la verdad”, enseña lo auténtico, lo que se vive.
Para un maestro cristiano, todo queda referido al modelo Cristo, y ofrecido al Padre Dios, entonces, no hay polilla o polvo, no hay preocupaciones por la precariedad, siguiendo el ejemplo y los consejos de Jesús: “no os preocupéis por vuestra vida...” Entonces la autenticidad adquiere una coherencia que es testimonio fiel, martirio, pues muchos sufren por la verdad.
Si me miro en Cristo, mis perspectivas se amplían sin cesar, van mucho más lejos: ya no tendré objetivos a los que someterme; las metas no me dominarán pues no dependo de que se cumplan: puedo ya celebrar el acontecimiento de que “el Reino de Dios ha llegado” (Marcos 1,5) y se está abriendo camino continuamente, aunque no lo vea. El vivir no se desliga del contemplar, ni del dar la vida, la verdad me lleva a ser verdadero y en la medida que soy verdadero, “soy maestro”.
4. Conclusión.
Sería maravilloso que Cristo Modelo del Maestro nos enseñara a participar de su autoridad y de su autenticidad, pues el que de verdad es maestro lo es en el testimonio que sirve de modelo.
El ejemplo de Jesús nos da la clave para profundizar luego en tantos valores. Concretamente, a enfocar el tema de la autoridad, que todo maestro desea entender y distinguir del poder... el poder que se impone por la fuerza reprime al que está debajo, la autoridad en cambio tiene fuerza en sí misma y provoca seguimiento; es algo que se puede perder o ganar, y se convierte muchas veces en una gran preocupación: ¿Cómo "ganar la autoridad con mis estudiantes"?
Jesús es poderoso: en los milagros, las cosas -para mostrar el reino de Dios- se sujetan a su voluntad. La autoridad se refleja en el pasaje citado del Sermón de la montaña que nos ha acompañado en esta meditación para el DÍA DEL MAESTRO : “Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus doctores” (Mateo 7, 28). Sus palabras a veces eran duras, atrevidas, llenas del impulso de la excitación, además esas palabras tocan el corazón allí donde no alcanza ninguna palabra humana. Apartan el engaño y ponen al hombre delante del Dios santo. Llaman a la conversión de todo, incluso del que es bueno y piadoso ante el mundo, hacia Dios, y dan la posibilidad de realizarla. Sus palabras no sólo son significados, sino fuerzas; fuerzas procedentes de Dios, fuerzas del Espíritu Santo.
También hay poder en sus actitudes, en su acción, en su figura. Nos dicen cómo en Pascua echó del Templo a todos los compradores y vendedores”, con pocas palabras y unos cordeles trenzados le obedece una multitud: resplandece algo en Él. Es un poder que “rige a través de todo. Forma una personalidad tremenda, una honda concentración del alma, de una voluntad perfectamente libre, que está entera en la sagrada misión, una presencia gigantesca… Pero por detrás surge más, desde Dios, tan inmediatamente, que, por ejemplo, después de la pesca milagrosa, estando sentado en la barca, Pedro cae espantado a sus pies y grita: -“Aléjate de mí, que soy un hombre pecador, Señor!” (Lucas 5, 8-9).
La celebración del DÍA DEL MAESTRO en nuestra Diócesis de La Dorada Guaduas, será siempre motivo de alegría y experiencia meditativa de una misión tan grande y noble encomendada a mujeres y hombres que han dicho sí al Señor y hoy en diferentes escuelas, colegios e instituciones construyen la Diócesis de la Paz.
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