lunes, 26 de octubre de 2009

DOMINGO XXXI

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
La celebración de la Solemnidad de Todos los Santos es la mejor oportunidad para tener presente que...

1. Todo fiel bautizado en Cristo está llamado a ser santo.
2. La santidad no es algo complejo o aburrido, se trata de vivir como auténticos hijos de Dios, dotados de un organismo espiritual que tiene un desarrollo parecido al de una planta:
· Semilla plantada.
· Que se nutre.
· Crece.
· Da flores y frutos.
3. Es imposible para un cristiano pertenecer a Dios como hijo sin ser santo.
4. El camino de la santidad nos lo traza el Evangelio, en allí el Señor, además de tener un corazón pobre, nos pide:
· Ser sufridos y bondadosos.
· Ser misericordiosos al estilo de Dios Padre.
· Tener un corazón puro y límpio.
· Trabajar para colmar el mundo de la paz que sólo Dios puede dar.
· Comprometernos con el sacrificio de la vida hasta darla por amor y testimonio (como los mártires).
5. La santidad aunque es tarea y empeño del hombre, es presencia y actividad de Dios en èl.La santidad es algo tan sencillo como hacer realidad nuestra condición de hijos queridos de Dios.

sábado, 24 de octubre de 2009

ESCUCHAR - INVOCAR - SEGUIR

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO, AÑO B.

El encuentro de Jesús con Bartimeo nos permite descubrir el proceso del que quiere vivir la experiencia del Señor Resucitado:

1. Escucha a Jesús: “Al oír que era Jesús empezó a gritar”.
2. Invoca a Jesús como Mesías salvador: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”.
3. Deja todo lo que posee y se acerca a Él: “Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús”.

El cristiano tiene el compromiso de renovar constantemente su determinación por seguir a Jesús y hacer de Él su Señor y Salvador, pues el mundo con sus múltiples ofrecimientos no pierde oportunidades para hacer que el ideal cristiano no trascienda y penetre la realidad y sus circunstancias.

Hoy el Señor nos invita a escucharlo, son muchos los medios que Él utiliza para darnos a conocer su deseo y voluntad: lo hace a través de su Palabra, de la enseñanza de la Iglesia, de la correcta interpretación de los signos de los tiempos, de nuestras experiencias de oración, entre otras.

Escuchar y conocer a Jesús es saber qué puede realizar Él por nosotros; muy bien lo expresa el ciego, pide al Señor lo que el Mesías, el Cristo, Dios, le puede ofrecer: La liberación. Jesús está entre nosotros como Dios y Hombre verdadero que puede transformar nuestra vida ayudándonos en el proceso de liberación de las estructuras de pecado que nos impiden vivir como hijos de Dios y ser felices.

Quien tiene a Jesús es su vida es capaz de dejarlo todo por Él, porque sabe que el Señor “no quita nada, en cambio lo da todo”. La experiencia del discípulo se fundamenta en la entrega y disponibilidad, en el ofrecimiento que se hace a Dios de la propia vida, en el abandono de quien todo lo espera de Dios.

jueves, 15 de octubre de 2009

Optar por Cristo implica vivir la experiencia del Servicio a los demás en el amor sin límites.


Domingo XXIX, año B - Octubre 18.


El diálogo de Jesús con sus discípulos, del que nos habla el Evangelio de hoy, se convierte en la mejor oportunidad para conocer una característica esencial del verdadero discípulo: El Servicio como prolongación del servicio redentor de Cristo. El Señor se sigue entregando y sirviendo hoy a la humanidad por medio de sus fieles discípulos.

El cristiano es invitado por Jesús a renunciar voluntariamente a las posibilidades y oportunidades lícitas que el mundo le ofrece; por medio de esta renuncia podrá crecer en la disponibilidad a la entrega generosa por el anuncio del Reino de Dios y por la felicidad de sus hermanos, a ejemplo de Cristo Siervo que “no vino a ser servido sino a servir”.

Servir, según Jesús, es dar la vida, es entrega generosa, es menospreciar títulos, puestos importantes y honores para consagrar la vida como experiencia de servicio desinteresado y eficaz por la humanidad.

Quien ha comprendido que el Evangelio es amor para el servicio está dispuesto a asumir la causa de la persona en necesidad y se entrega con desinterés a su misión de servidor, por ello no le costará “desatar la correa de una sandalia”, algo tan sencillo, como “entregar la vida por el necesitado”, prueba del mayor amor.

Jesús no quiere para sus discípulos un mundo de jefes, capataces, patrones o súbditos, peones y esclavos. Su invitación es clara: “El que quiera ser el primero entre Ustedes, debe ser esclavo de todos. Porque tampoco el Hijo del Hombre vino a que le sirvieran sino a servir y a entregarse a sí mismo en rescate por la multitud”.

Finalmente sabemos que el cristiano se encuentra en constante confrontación entre la realidad del mundo que exige reconocimientos, honores, seguridades, títulos y puestos importantes o el seguimiento libre y consciente de Jesús servidor fiel que da su vida (mayor ofrenda posible) por la salvación del mundo entero. La cuestión se resuelve cuando el hombre comprende que la mejor manera y más auténtica expresión del amor es el Servicio.

Servicio en lo humilde, es decir, impregnar de sentido cristiano y evangélico nuestras actitudes cotidianas haciéndolas con pureza de corazón, con intención recta, plena de honradez y conciencia clara que lo pensado y realizado es prolongación de Cristo servidor, fiel al Padre que lo envía y a los hombres a quienes redime.



viernes, 9 de octubre de 2009

JESÚS Y EL JOVEN RICO

DOMINGO XXVIII - OCTUBRE 11 - AÑO B

RENUNCIA Y ADHESION


El pasaje del Evangelio en esta oportunidad nos permite identificar el deseo de Jesús por dar siempre una lección de vida profunda para quien se acerca a Él con el firme propósito de alcanzar la bondad, la santidad y la perfección.

El hombre del Evangelio que se acerca a Jesús tiene en su corazón multitud de ambiciones que le impiden asumir la propuesta del Señor como una opción fundamental, como una experiencia de sentido capaz de transformar su existencia.

A pesar de esos apegos el Señor no le impide encontrar el camino que lo lleve a descubrir la perfección y la santidad; por el contrario, le muestra que además de lo que ha hecho, el cumplimiento de los mandamientos, es necesaria una exigencia: La Renuncia y la Adhesión.

El discípulo de Cristo debe dar el lugar verdadero a las personas y a las cosas, reconocer que el hombre es dichoso en la medida que ha puesto su confianza en el Señor. Esta renuncia es el mejor camino para adherirse plena y totalmente a la Persona de Jesús y a su mensaje. “Adherir, en el mundo de Jesús, es encontrar a Dios y con Él la plena dimensión del ser mismo del hombre”.

La opción fundamental por Jesús implica relativizar el presente con todas sus seguridades, para iniciar la experiencia de Dios, apoyados en la fe y en las obras que ésta implica. No deberá entenderse esta renuncia como el descuido de las responsabilidades frente al prójimo, a la sociedad y a uno mismo; por el contrario, cuando Dios se ha convertido en nuestra opción fundamental comprendemos que nuestro compromiso con el hombre y el mundo adquieren mayor responsabilidad y esfuerzo.

martes, 29 de septiembre de 2009

DOMINGO XXVII - OCTUBRE 3 - AÑO B

En la marcha de Jesús hacia Jerusalén instruye a sus discípulos sobre una característica fundamental de quien desea ser discipulo suyo: Aceptar y acomodarse al querer de Dios y no querer que Dios se acomode al deseo del hombre.

Para demostrar el valor de la obediencia estricta a la Palabra de Dios, Jesucristo en el diálogo con los fariseos rescata el querer de Dios Padre por encima de la terquedad del corazón humano y, hablando del matrimonio y del divorcio, dice Jesús que “desde el principio no fué así y lo que Dios unió (determinó, quiso para el hombre) no debe separarlo el hombre”.

¿Cuál es el querer de Dios con respecto a la unión del hombre y la mujer?
La lectura del Génesis y el Evangelio nos permiten concluir:
1. Aunque el hombre y la mujer son capaces de valerse por sí mismos, juntos forman la totalidad de lo humano. (Principio de la complementariedad).
2. La unión matrimonial mediante el Sacramento es indisoluble, nadie lo puede separar: “Hasta que la muerte los separe”.
3. La familia, escuela del más rico humanismo, iglesia doméstica, cuna de valores y virtudes, la constituyen un solo hombre, una sola mujer y unos hijos.
4. El matrimonio sacramento es vocación de santidad, supera cualquier contrato y es signo e instrumento de salvación.
5. Ninguna persona o sociedad debe suplantar lo que Dios ha dispuesto para el hombre y la mujer en el ejercicio de su dimensión sexual. Dios al ser humano lo creó hombre y mujer.

Desestimar y desobedecer el plan de Dios para los hombres y mujeres de todos los tiempos, es vivir aún la experiencia del pecado conocida y narrada graficamente en el Génesis cuando Adán y Eva son tentados: “El deseo del ser humano de establecer por sí solo, sin intromisión divina, las pautas de su comportamiento”. Aún sigue sonando a muchos hombres y mujeres las palabras del Tentador: “Serán como dioses”.

“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”
Hechos de los Apostoles 5,29